Nací en Caracas y actualmente resido en Barcelona.

Mi práctica artística habita la frontera entre la pintura y el grabado. Desde ahí, exploro la tensión entre la imagen y el soporte a través de la transferencia de la pintura al papel.

Me interesa la relación entre la apariencia y la materia de las cosas. Entre lo que el ojo puede ver y la mano puede tocar.

Mi memoria visual se formó entre un microscopio y un telescopio. Mi madre era bióloga y trabajaba con un microscopio electrónico. Gracias a ella descubrí un mundo diminuto que se volvía cada vez más grande. Eso lo contrastaba con visitas frecuentes al planetario, donde lo macro y lo micro se encontraban. Aprendí que lo pequeño y lo grande hablan el mismo idioma. Los extremos se juntan.

He estudiado bellas artes, ingeniería, química, diseño gráfico, historia, filosofía. Mi vida ha transcurrido en una tensión entre opuestos. Entre lo que quería y lo que la circunstancia imponía. No ha sido un camino trazado sino un proceso. Aprendí que los opuestos no se anulan, se necesitan. El orden y el caos no están separados. Todo ocurre al mismo tiempo.

Pienso continuamente en la complejidad de vivir en un planeta insignificante perdido en un universo infinito. Somos infinitamente pequeños y al mismo tiempo los únicos que pueden contemplar la inmensidad. Esta es la paradoja que habita en mi obra, ser grande y pequeño a la vez.